GALICIA: LA TIERRA DEL MARISCO

Por todos es sabido que Galicia, considerado como el lugar con mejor y mayor variedad de marisco en el mundo, es una fuente inagotable de nobles productos de mar. Su peculiar emplazamiento, según los romanos, donde termina la tierra (Finisterre), la fría temperatura de sus aguas y la bravura del océano es lo que convierte a Galicia en la mayor marisquería del mundo.

Centollas, buey de mar, mejillones, almejas, navajas, langostas, bogavantes, cigalas, camarones, vieiras, zamburiñas, langostinos, nécoras, berberechos, ostras, y percebes son algunos de los manjares que las frías aguas del atlántico nos entregan con amor.

Cosa curiosa, en mi casa, mi padre, por diversión, era el que compraba el marisco y el pescado. Al menos un par de veces por mes sucedía la magia. Ir a la lonja era un todo un ritual: se levantaba a las 3 de la mañana para estar allí cuando los barcos acababan de llegar a tierra con lo mejor de la mar. Generalmente iba a la Lonja de Marín, que nos quedaba a apenas 20 minutos de casa. El acceso estaba restringido únicamente a profesionales del sector, pero siempre había un amigo que hacía la vista gorda y te permitía pasar.

Las embarcaciones llegaban, descargaban y un regimiento de gente rápida y hábilmente separaba y colocaba en cajones con hielo la preciada mercancía. A continuación apilaban los cajones por sectores. Tras una inspección visual general de los compradores, el ambiente empezaba a animarse y el peculiar “Maestro de ceremonias” micrófono en mano comenzaba la subasta:

-35!

-40

-55, gritaba otro comprador

-Vendido!

Y de esa ágil y sencilla manera un cajón de magníficas cigalas partía para Madrid, para hacer las delicias de los comensales más exigentes que están dispuestos a pagar por la mejor calidad.

Cuando nos levantábamos de la cama, ¡es como si hubiese llegado Papá Noel con regalos! ¡Grandes bolsas llenas de extraños seres de mar aún vivos movían sus antenas y cerraban sus caparazones, un espectáculo digno de Julio Verne y sus 20 leguas de viaje submarino! La siguiente parte le tocaba a mi madre, pero lo que era seguro es que ese día disfrutaríamos de una gran mariscada!!

Recuerdo con gran nostalgia el momento de sentarnos a la mesa, y ver el desfile de todas esas grandiosas maravillas acuáticas convertidas en manjares!

Por supuesto, siempre había una buena botella (o dos) de algún rico Albariño para acompañar. Lejos quedan esas memorias de la infancia, y mi padre fallecido hace 5 años, pero el recuerdo de estos hermosos momentos me trasladan a la mesa en familia como si fuera ayer, ¡y me llenan el espíritu de alegría!

Luz Fernández
Empresaria gastronómica, arquitecta y gourmand
Twitter @luzbernata