ETIQUETAS: ¿ADORNO O ALMA DE LOS VINOS?

“Debo reconocer que, a la hora de comprar un vino, no puedo evitar sentirme cautivada por los nombres y las etiquetas. A medida que he empezado a degustar vinos argentinos, lo que más me ha sorprendido, además de los vinos en sí mismos, es la poesía, elegancia y muchas veces osadía con que estos caldos son bautizados: Benmarco Expresivo, Eggo, El Hijo Pródigo, Black Tears ó El gran equilibrista son sólo algunas de las sugestivas denominaciones que me he ido encontrando en las estanterías.

Y ni qué decir del diseño: todo una oda a la creatividad. Comprar un vino por su etiqueta podría considerarse por los más puristas como una frivolidad, y nada más lejos de la realidad. Sabemos que hoy en día, a partir de un rango muy razonable de precio, la calidad de los vinos es fantástica, por lo que es difícil equivocarse. Con el tema de las etiquetas suelen suceder tres cosas: 

La primera: tanto el nombre como el diseño te cuentan una historia, te transmiten una filosofía y una manera de entender su oficio, te hablan del famoso “terroir” (o terruño), de la uva y del enólogo que lo elaboró. (Ej.: Benmarco de Dominio del Plata)

La segunda: la etiqueta, basada en una estética unificada en todos los productos de la misma bodega, te hablan de una seriedad, un planteamiento firme y contundente, suelen reconocerse con facilidad (Ej: Trapiche, Catena Zapata,…). 

La tercera: la etiqueta es sólo una licencia artística y divertida, cuya finalidad es llamar la atención del consumidor, recurso que a mi entender es muy válido.
(Ej.: El Equilibrista) 

Lo primero y más importante es tener claro qué tipo de vino estás buscando, si se trata de un almuerzo ligero en un jardín, tal vez un Pinot Noir joven, y si por el contrario estamos hablando de una cena a base de estofado de cordero tal vez un Malbec o un Cabernet Franc con madera. A partir de este punto, y una vez que te hayan asesorado en cuanto a las opciones, mi consejo es: siempre elegir algo que te cautive por la mirada, que te sorprenda y que hasta te divierta.

Pruébalo, saboréalo y disfrútalo. Puede ser que te plantees volver a comprarlo o no. Pero sobre todo, no te estreses, porque elijas lo que elijas, si el diseño te cautiva, seguro trae algo estupendo adentro.”

Luz Fernández
Empresaria gastronómica y arquitecta
Twitter: @luzbernata